Como dice el gran Darwin Desbocatti, probablemente los japoneses y chinos sean las personas que más transmiten y contagian sus emociones a los occidentales. Un chino triste, si tienen la desgracia de ver, es un espectáculo devastador, su tristeza es tan noble y profunda que se esparce como una brisa desde su tierno corazón asiatico. Por otro lado un chino agradecido o felíz genera gran alegría y contagia su entusiasmo con una facilidad admirable. Lo mismo pasa con el susto, ver a un japones o a un chino asustarse súbitamente y saltar de su asiento es sencillamente impagable. Veamos ésta hilarante colección de bromas que se hacen entre ellos, por lo que no tenemos de qué sentirnos culpables.
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